No podía ser, aquello era una locura, de hecho, la joven pensaba que estaba perdiendo el control: aquello no era lo que había deseado de pequeña, ella había soñado con un príncipe azul, un castillo en las nubes, una vida en resumen, cuya única preocupación fuese ver qué ponerse al día siguiente.
Resulta, niña, que al final, todos terminamos siendo simples marionetas para el llamado destino. Yo fui creado para narrar tus pasos, para describir cada uno de tus movimientos, aunque en este caso, más que ir por detrás de tus acciones, me temo que tendré que ir por delante para guiarte, tú sólo debes escucharme y hacer lo que te diga, ya verás: todo saldrá bien.
La joven bajó la cabeza, lo que le estaba pasando no distaba mucho de una película de ciencia-ficción. Todos nacemos con un papel determinado en el mundo, muy necio sería el que pensase que el mundo sería igual sin su presencia.
"entonces, ¿para qué he nacido yo?"
Para seguir órdenes, para hacer lo que esperan de ti.
"Esas ódernes me conducen al abismo, al fin, yo no quiero morir"
Todo lo decía con la cabeza baja, al fin y al cabo era como si no tuviese interlocutor, su respiración era pausada. Sentada, apoyada en contra la palmera, con las piernas pegadas al cuerpo y recogidas con los brazos, era en esos momentos cuando el tiempo parecía haberse detenido, ¿acaso no era así?
lunes, 7 de julio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
¬¬, se me olvidó poner el título ¬¬
en fin: Pensamientos frente un acantilado (3)
Publicar un comentario