Las vueltas que da la vida. En esos momentos me sentía un poco ridícula, y, en cierto modo, temía la reacción de mi hermana al verme; eran muchos años los que nos habían separado, ahora estaba allí, en su salón, y me di cuenta de que todas mis esperanzas estaban puestas en aquella visita.
Oí el riudo de unos pies que descendían por las escaleras, me giré lentamente. Allí estaba, la verdad es que no había cambiado mucho, como antaño, llevaba el pelo largo, suavemente recogido con una pinza, sus ropas eran sueltas, informales le daban un aspecto dulce y jovial.
Levantó la vista y me vio, seguramente su hija no le había avisado que era yo la que esperaba en el salón, pues su cara mostraba estar sorprendida, abrió la boca lentamente, como queriendo decir algo...
- hola- balbuceó.
-hola- sonreí nerviosamente.
-¿quieres tomar algo?

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